Buga – Buenaventura... primera aventura

Nuestro primer viaje del año lo hicimos con destino a Buga, una ruta con carreteras llenas de curvas como nos gustan, paisajes llamativos y gente amable. En esta ocasión el relato está contado desde el punto de vista de Juan Carlos Estrada, un nuevo viajero que nos acompañó en su 650 durante este divertido viaje
Ya que el paseo se hizo en época de lluvias, todos desde la reunión informativa dijeron que saldrían lloviera, tronara o relampagueara y así fue. La salida como siempre muy cumplidos y animados, aunque siempre con la incertidumbre de si llovería o no.
A la subida cayó una agüita y todos de una sacaron chaqueta e impermeable, pero perdieron su esfuerzo porque al momentico escampó y permaneció así durante todo el viaje, tanto de ida como de regreso. Finalmente no llovió!
Todo siguió en orden, aunque según Juan Carlos, algunos de los nuevos viajeros sintieron la presión de seguirles el paso al grupo de los mas experimentados y eso creó un poco de estrés, aunque igual disfrutaron del viaje y llegaron muy bien al hotel Guadalajara en Buga.
El hotel Guadalajara, un viejo conocido, siempre se ha caracterizado por atender muy bien a los viajeros de Ruta 40 y esta no fue la excepción! Por la noche el tradicional moto bla moto bla alrededor de la piscina, donde todos se integraron muy bien, la gente muy animada, ultimando los detalles del viaje del otro día a Buenaventura. Así lo relata Juan Carlos ”En Buga muy bien, yo había hecho reservas para dos, pero mi mujer se me quitó el último día, porque iba a llover, pero me cambié a una sencilla: esa noche nos sentamos a conversar todos muy bueno, el grupo de compañeros muy bueno, la integración ese día por la noche muy buena, estuvimos conversando ahí todos y arrancamos al otro día al paseo, pero no fuimos a Buenaventura porque la carretera estaba muy mala”.
Y es que afortunadamente llegó la voz de que por la época de lluvias había muchos derrumbes en la vía por donde se había planeado el viaje, así que Mauricio consultó a todos los viajeros y decidieron hacer unas modificaciones en el itinerario para evitar inconvenientes innecesarios. Se llamó al restaurante donde los esperaban en Buenaventura y se canceló el almuerzo. Esa noche todos para la camita, a descansar y levantarse temprano, ya que a las 9:00 a.m. en punto era la salida al viaje hacia Cali.
La ruta del viaje era la misma, sólo que el destino final no seria Buenaventura sino que en Lobo Guerrero el grupo se desvió a la izquierda y subió por la carretera al 18, vía que lleva a Cali. La amenaza de derrumbes resultó ser cierta y subiendo por el lago Calima, apareció el derrumbe. Para Clara la experiencia de encontrarse con un derrumbe “es muy emocionante, porque la gente empieza a especular… pasa o no pasa la moto? La cuestión es que son tan pesadas las motos que es un peligro pasar. Finalmente se decidió el primero, luego el segundo, luego unas chiquitas, el estrés de que te dejen pasar, porque el carro que estaba recogiendo la tierra estaba muy negligente porque era peligroso… en fin, afortunadamente pasamos, hicimos la ruta, volvimos y subimos y en el 18 almorzamos en un lugar muy rico, todos los platos eran deliciosos.”
Después del EXQUISITO almuerzo, en un restaurante completamente recomendado, llamado La Cabaña, las energías estaban listas para continuar. En la pasada por Cali, se unieron al grupo varios caleños que sabían que los viajeros de Ruta 40 estaban allá, y disfrutaron de las curvas y el pavimento con nosotros un buen rato, para finalmente separarnos y seguir cada uno a su destino.
Después de un día intenso, todos regresaron al hotel y de nuevo el corrillo al lado de la piscina a seguir hablando sobre motos y experiencias, claro esta, en la compañía de buenas cervecitas. Esa noche el hotel se lució con un asado delicioso que sirvió de despedida a este agradable viaje. Luego de la comida, cada uno para su habitación a empacar y prepararse para el viaje de regreso que aun guardaba una sorpresa, tal vez no tan agradable.
El regreso se hizo por la carretera Panorama, pasando por La Unión, Cartago, y de ahí hacia Cerritos; después de comer piña, se desviaron hacia la izquierda La Virginia, Anserma, Rio Sucio, Supía y de ahí, la bajada hacia el Cañón del Cauca.
Y aunque Juan Carlos Estrada disfrutó mucho del viaje, le quedaron varias inquietudes como primerizo en este tipo de salidas y es que todo el camino estuvo sufriendo por otro de los compañeros que asistían por primera vez a esta clase de aventuras en la carretera: “Rubén cada que paraba me preguntaba ‘Quiubo, vos cómo vas?’ Porque la moto no le daba. Obviamente iba en una moto que no era para ese paseo, creo que era una 650 de carreras para motocross, no se bien. El caso es que a la venida el grupo se separó en dos, los de adelante que iban mas rapidito y los de atrás que iban a otro paso distinto… uno de los de atrás nos alcanzó y nos dijo que esperáramos, que un muchacho se había caído al rio. Preciso era Rubén, el señor que me había preguntado todo el viaje cómo venía yo. Se lo comió una curva, no tiene ABS y se le fue de lado; como venía con el acelerador a fondo, la moto quedó frenada en la baranda, pero él voló 30 metros abajo y cayó al río. Se levantó el casco y cuando salió medio a flote, logró
agarrarse de una rama, se pegó del palo y por ahí salió, pero donde caiga en tierra, chao pescado.”
El asunto del ritmo en los paseos es una cuestión que siempre se discute en las reuniones de preparación a los viajes, como la misma Clara lo explica: “El grupo siempre mantiene un ritmo, que para los primíparos no es el más apropiado y eso se les advierte en las reuniones. El que no viene a las reuniones se pierde eso. En la reunión Mauricio les dice: ‘si no son capaces de seguirnos el paso, cojan el suyo propio, armen su propio grupito, péguese a la persona que usted considera sigue su propio ritmo’… Había varias personas que viajaban por primera vez con nosotros. Uno de ellos arrancaba de primero porque sabía que no era capaz de llevarnos el paso; iba con pareja y arrancaba de primero porque sabía que lo que adelantara lo alcanzábamos y él seguía tranquilo y llegó a Medellín sin ninguna novedad, porque tuvo el suficiente coraje o personalidad de mantener su ritmo, el ritmo que le daba la moto y la experiencia. Pero fue, disfrutó y llegó sin novedad. Rubén, el que se cayó, estaba con la firme intenciónde llegar a comprar otra moto porque con la que se fue no era apropiada, no necesariamente tiene que tener ABS para que frene, cuando se lo come la curva, no hay nada que hacer, es experiencia, es responsabilidad del motociclista si se une o no a nuestro grupo.”
Finalmente todos llegaron bien a Medellín después de pasar el susto y Buga siempre será recordado como un destino maravilloso, una carretera llena de emocionantes curvas y un grupo de viajeros muy agradable, que como Clara dice: “Si esa eventualidad no hubiera pasado hubiera sido un viaje perfecto”.
Para terminar esta historia y como consejo a los viajeros nuevos que decidan acompañarnos en próximas aventuras, acá va el mensaje de Gallo: “El consejo que yo le doy a todo el mundo que apenas está empezando a viajar en moto, que compró y que quiere iniciarse en las aventuras que hacemos nosotros de recorrer el país, es que cojan experiencia ellos solitos o que se vayan con un grupo pequeño y hagan kilómetros en carretera; Llanogrande no sirve, ahí no consigue uno situaciones eventuales como pasarse tractomulas o varios camiones. La idea es que la gente salga a La Pintada o se vaya a Yarumal, Santa Rosa de Osos; de pronto arriesgarse un poquito más y llegar a Manizales y devolverse; hacer kilómetros en carreteras pero no con grupos tan grandes, porque cuando uno sale con grupos grandes siempre va a querer estar con los que más caminan, y empieza el sentimiento de sentirse botado. Todos nos caemos en moto, pero siempre que ha ocurrido un accidente en los paseos de grupo grande, han sido los nuevos. La recomendación siempre es que entrenen, que hagan pinitos y se animen a coger experiencia.”




