Cartagena
Ya hace días que regresamos de Cartagena, pero todos llegamos tan atareados y atrasados de trabajo, que fue muy difícil atrapar a uno de los viajeros para que nos contara su versión de los hechos! Finalmente logramos hablar con Sandra Camino, quien con gran alegría nos contó su experiencia en este divertidísimo viaje donde ella, Jorge Weisten y su V-Strom, formaron parte de los má;s de 40 viajeros que se embarcaron en esta aventura.
Todos los ‘moteros’ como siempre muy juiciosos, cumplidos y madrugados salieron desde RUTA 40 el pasado de 18 de mayo a las 6:00 de la mañana. Como algunos recordarán, ese puente estuvo pasado por la lluvia, pero a la ida no se presentaron mayores inconvenientes en la carretera por los derrumbes que ocurrieron el sábado.
Con este panorama, la ida estuvo muy calmada, ningún accidente, ningún pinchado, las motos, los pilotos y sus acompañantes disfrutando al má;ximo de la carretera y claro está;, de la comidita que no puede faltar en todo el camino. Que primero el desayunito, a las dos horas – ni siquiera habían terminado de hacer la digestión – otro descanso y un cafecito, luego el almuerzo de rigor para tanquiar no solo las motos sino el cuerpo, que la tomada de un ‘Red Bull’…
En los paseos cuando salimos en caravana y hay que parar en un restaurante, pasa algo muy extraño: a Mauro lo conoce todo el mundo en todos los restaurantes de todas las carreteras de Colombia; entonces vos llegás y es como si regresaran todos los hijos pródigos a la casa, siempre nos están esperando y el restaurante es como para uno solo, nos atienden rápido y podés molestar. Nos cuenta Sandra al hablar del viaje.
Así;, poco a poco y después de 10 horas, las olas y la brisa dieron la bienvenida a todos estos ‘moteros’ a Cartagena, quienes lo único que querían era llegar a una ducha caliente, quitarse todo el polvo del camino y prepararse, algunos para la rumba y otros a descansar y prepararse para el itinerario del día siguiente.
La mayoría se hospedó en el Hotel Las Américas, un espacio con todas las comodidades que un viajero pueda desear; otros más ‘pinchados’ se fueron para sus propios apartamentos en Cartagena y otros prefirieron la comodidad de apartahoteles cercanos donde pudieran tener má;s privacidad y descansar a sus anchas.
Los cansados se quedaron durmiendo y los que se animaron ese mismo viernes, salieron a buscar…. la comidita! La mayoría salió hacia la Plaza Bolívar a comer y tomarse una cerveza, mientras que otros disfrutaron de las caribeñas delicias culinarias del restaurante Juan del Mar.
Amaneció, salió el sol y con él, los bronceadores, las tangas y las toallas para tirarse a descansar, disfrutar del sonido de las olas y tomar un poco de sol y color! Esa mañana todos estuvieron reunidos en el Hotel Las Américas, tomando cerveza, ron y jugando con las atracciones acuáticas (o en términos más normales, los flotadores que hay en el mar), brincando y jugando como niños chiquitos! Después del almuerzo, también se tomaron la tarde para repetir el ‘plan relax’ y prepararse para la rumba nocturna!</p>
Llegó la noche, y con ella la magia de Cartagena, donde sus luces brillantes y el sonido de los caballos lo transportan a uno a otro tiempo. Pero pronto ese sonido fue opacado por el ronroneo y la magia de nuestros motores que invadieron la ciudad para desplazarse hasta Juan del Mar para comer antes de ir a la rumba en Café; del Mar.
Así; nos cuenta Sandra la recocha que fue esa noche: Lo que fue en el Café; del Mar, todo el mundo rumbeó, todo el mundo gozó, todos comieron, el uno se burlaba del otro; nos reímos mucho con el show del monito y con las bailarinas, que sinceramente ‘que gurres’. Pasamos muy rico porque estas salidas nos integran mucho.
Como algunos tomaron de más y amanecieron enguayabados, se perdieron la salida a las Islas del Rosario el domingo a las 8 a.m., a la que fueron finalmente sólo 20 personas. El paseo fue espectacular y para ello se contrataron dos lanchas que los transportaran hacia Playa Blanca y las Islas del Rosario. Para Sandra el viaje a estas islas fue una de las mejores partes del paseo: Fue delicioso. Salimos a las 9 a.m. y llegamos a las 4:30p.m. o 5:00 p.m. Uno se tira desde la lancha para nadar hasta la orilla y eso es muy profundo!, pero lo más divertido fue que nos tiramos los 20 y nos reímos muchísimo. Después nos fuimos para playa blanca a terminar los bronceados y disfrutar del mar.
Al llegar de la aventura en las islas, algunos salieron a comer y otros se quedaron descansando y preparando las maletas para regresar el otro día.
Llegó el lunes y también el momento de despedirse de las murallas, las olas y la brisa del mar. La salida fue a las 7:30 de la mañana y como siempre en el regreso, cada uno viaja a su propio ritmo, aunque con la expectativa de qué; encontrarían en la carretera gracias a los derrumbes que habían estado anunciando en las noticias, si decidieron apoyarse y viajar en grupo.
La única dificultad que encontramos en la carretera fue en la venida, ya que encontramos derrumbes pequeñitos. La retroexcavadora ya había pasado y quitado la mayor parte del pantano, pero nos cogió el agua desde Tarazá; hasta Medellín. Eso fue lo único extraño, ah! y ver como la gente sacaba la agüita de sus casas en Tarazá, eso fue horrible.
Aunque la carretera estaba muy sucia y aún quedaban troncos de madera, además de los tacos de carros, los viajeros pudieron aprovechar una de las ventajas de viajar en motocicleta y pasar con cuidado entre los carros para poder avanzar en su viaje de regreso. La velocidad tuvo que disminuir y las precauciones aumentar para evitar las caídas con la lluvia y el pantano.
Llegamos muy bien, todo sin problemas, porque todo es muy organizado, nos dan cronograma de las actividades, la ruta, por si vos te perdés, entonces sabés como encontrar al resto. Todos pendientes del derrumbe y nadie se le pasó a otro de manera imprudente. Hasta ahora he ido con el grupo a Barichara, Mompox, Villa de Leyva, Coveñas y Cartagena, y ya me estoy preparando para la ida a Bogotá; en el puente del 29 de junio, porque salir con este grupo realmente es delicioso.
Así; que ya saben, aunque el bronceado de Cartagena ya se está; desapareciendo, no lo necesitarán en Tocancipá, donde lo único que si será; necesario es afinar los motores de sus motocicletas y preparar toda la adrenalina para disfrutar de esa aventura!! Nos vemos en Bogotá!




